EDITORIAL

Medicina Venezolana del Siglo XXI:¿Se han perdido valores éticos y morales?



“…Los médicos verdaderamente honrados son aquellos que convencidos de la alta misión que desempeñan en la sociedad como sacerdotes de la salud y del dolor humano, son capaces de comprender toda la gravedad y la importancia que representa un objeto tan interesante y tan hermoso como la vida de los hombres; los que nunca han desoído el grito del dolor, ni han negado a nadie sus servicios y sólo ven en quien los solicita un ser que sufre y que es necesario aliviar, sea quien fuere, hasta un enemigo; los que no ven en sus compañeros sino hermanos en la práctica del bien; los que saben respetar la grandeza de la ciencia médica y no la falsifican valiéndose de sistemas y métodos contrarios a los principios de la ciencia verdadera, con el único fin de adquirir lo que solo debemos conquistar por medio del trabajo honrado: el bienestar económico…”

Ese fragmento del texto La Moral Médica, publicado hace unos 90 años, 1928, por el padre de la Deontología Médica Latinoamericana, Dr. Luis Razetti, tiene una vigencia muy importante.


La segunda parte del siglo XX e inicios del XXI ha sido, hasta ahora, el período histórico de mayores avances tecnológicos en todas las áreas del desenvolvimiento humano, y la medicina, como profesión dependiente de recursos tecnológicos para diagnóstico y tratamiento, no escapó a ello, especialmente el componente quirúrgico.


La Venezuela del siglo XXI se ha caracterizado por cambios que han afectado el campo sanitario público en dos vertientes, la de los recursos humanos y la de infraestructura y dotación hospitalaria, cuyo resultado negativo es palpable en todas las áreas de especialización médica.

El componente humano se ha visto muy afectado por las condiciones de trabajo con remuneraciones que están muy por debajo del índice inflacionario y que es uno de los factores condicionantes de mucho peso a la hora de tomar la determinación de cruzar las fronteras en búsqueda de un mejor futuro para el médico y su familia, lo cual implica la pérdida de un importante recurso, muchos de ellos ya formados como especialistas y con criterios científicos muy bien cimentados, quienes al ver limitado el desarrollo de su experiencia profesional se complementa para la decisión de emigrar, sin dejar de considerar el aspecto familiar cuyo peso es importante a la hora de hacer maletas.

El aspecto concerniente a lo que significa el pésimo suministro de materiales médico-quirúrgicos en cantidad y calidad, descuido en el mantenimiento de infraestructura, nulo reemplazo de equipos auxiliares de diagnóstico y de tratamiento, severas fallas de servicios vitales como agua, energía eléctrica y comunicaciones, la sumatoria de estos ítems da origen a una falla para el soporte de una buena atención médica requerida y obligada por el texto constitucional vigente sin una respuesta adecuada de los entes como el Ministerio de Salud o el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, muchas veces dirigidos por personas ajenas al gremio médico y sin aprobar las medidas que puedan beneficiar el trabajo asistencial y, lógicamente, al usuario de los hospitales.


Lo antes planteado repercute en los jóvenes profesionales que aún se forman en los diversos postgrados en el país, por un lado la presión socioeconómica, por otro el no tener la oportunidad de ver y hacer profesionalmente procedimientos, en especial los quirúrgicos, que antes eran rutinarios, conjugándose así un caldo de cultivo para situaciones que distan mucho del espíritu humanista del médico para con el desconocido paciente que acude al hospital y en su relación con el colega del mismo nivel, donde la humillación del residente del año superior sobre el inferior es casi la norma, sin verse en el espejo que todos tienen déficits consecuencia de esas fallas mencionadas, gestando así un trato descortés y desconsiderado con sus semejantes.


Por otro lado, el campo de medicina privada no escapa a situaciones donde la hermandad gremial es echada a un lado, digamos que consecuencia de la situación socioeconómica pero que viola claramente el Código de Deontología Médica en cuanto el cobro de honorarios a colegas pacientes y sin ningún rubor, en ocasiones, lo solicitan por adelantado.

Cabe pensar en lo que debería ser éticamente el gremio médico para sus pacientes y colegas, según ideólogos como Jhon Gregory, Thomas Percival, Isaac Hays, Luis Razetti y, más recientemente, Augusto León, y cual es la realidad del siglo XXI. Es necesario que quienes están en funciones de guía de las nuevas generaciones reflexionen y transmitan esos valores morales y éticos que deben regir la conducta médica.

Rodolfo Pérez Jiménez

Secretario General SVC 2018-2020