INTRODUCCIÓN
La apreciación tradicional de las estructuras anatómicas
y el aprendizaje de la anatomía humana desde los griegos hasta
la actualidad se ha basado en la disección del cadáver,
puesto que éste representa uno de los mejores medios disponibles
para la obtención de información sobre el arreglo del
cuerpo, premisa a la que no escapa la descripción de la
glándula tiroides. No obstante, con el vertiginoso ascenso de la
imagenología como rama auxiliar de la anatomía, se ha
logrado una aproximación más detallada de esta ciencia,
al punto que los estudios de imagen, en cualquiera de sus formas,
representan en la actualidad herramientas indispensables para el
análisis morfológico del cuerpo humano, tomando una
posición muy ventajosa debido a su aplicabilidad en vivo.(1, 2)
En ese sentido cabe mencionar la ultrasonografía de alta
resolución y cómo se ha convertido en un examen sensible
y sumamente específico para la evaluación de la
morfología de la tiroides. La ubicación superficial de la
glándula permite una clara demostración de los cambios
anatómicos más sutiles con los transductores de alta
frecuencia en tiempo real y las técnicas Doppler color
potenciado.(3)
Asimismo, la ecografía se ha convertido en una prueba de imagen
esencial en múltiples especialidades médicas, siendo su
utilidad en el ámbito clínico incuestionable. En los
últimos años se han desarrollado equipos de gran calidad,
relativamente asequibles desde el punto de vista económico,
muchos de ellos portátiles, que permiten realizar exploraciones
sin verse sujeto el examinador a una sala o espacio determinado. (4)
Los tratados de ecografía clínica modernos exponen y
concuerdan que habitualmente el tamaño y forma de los
lóbulos tiroideos varían considerablemente en los
pacientes normales. En consideración a lo antes mencionado, ha
quedado claro para la comunidad de expertos que las dimensiones
normales de los lóbulos varían dentro de unos
márgenes muy amplios.(5)
Las entidades internacionales como la Organización Mundial de la
Salud (OMS) y el Consejo Internacional para el Control de los
Desórdenes de la Deficiencia del Yodo (ICCIDD) consideran al
ultrasonido como uno de los mejores métodos para la
evaluación del Volumen Tiroideo (VT) y la detección de
lesiones en el parénquima. En este sentido puede afirmarse con
severidad que la ultrasonografía es un método que permite
calcular con gran exactitud el VT.(5)
En el mismo orden de ideas, es notable lo genérico de los
valores ofrecidos por estos tratados, resultando casi imposible
particularizar los casos en base a los mismo. Factores como el sexo,
edad, localización geográfica y presencia de
patología tiroidea influencian y modifican la morfología
natural de la glándula tiroides. Entre dichos factores, la
enfermedad tiroidea tiene un abanico bastante amplio de posibilidades,
desde anomalías congénitas hasta trastornos nodulares,
siendo estos últimos extremadamente frecuentes y la
indicación más común de ecografía de
tiroides. (6)
Los nódulos tiroideos (NT) pueden mostrar patrones
ecográficos muy diversos, lo que a menudo dificulta una
clasificación precisa de la malignidad”. Debido a dicha
particularidad, en 2009 Horvath y colaboradores, presentaron un sistema
de evaluación de NT llamado TI-RADS (Thyroid Imaging Reporting
and Data System), con la finalidad de caracterizar de forma
estándar las lesiones tiroideas mediante la evaluación
ultrasonográfica, y determinar así, la posibilidad de que
dicha lesión sea maligna. En 2011, Kwak y colaboradores
complementaron esta clasificación agregando un subtipo. (7-10)
Ahora bien, aun cuando la estratificación del riesgo de
malignidad tiroidea mediante el uso de características
sospechosas valorables por ultrasonido permite un TI-RADS
práctico y conveniente, la correlación con el volumen de
la glándula no queda muy en claro. La comunidad
científica médica se ha preocupado desde entonces por
cuantificar el VT tomando en cuenta variables como sexo, edad y
deficiencias de yodo asociadas, sin embargo, pese a la
generalización de la escala TI-RADS y su uso globalizado para
estimación de riesgo de malignidad en el diagnóstico de
la patología tiroidea parece no existir suficiente
información en relación a si el tamaño de la
glándula guarda o no relación con esta escala. (10)
Aparentemente hoy en día no se cuenta con información
suficiente en torno el tamaño de la glándula tiroides en
correspondencia a la presencia de NT, aun cuando, ésta resulta
ser una condición muy frecuente. Asimismo, se puede incluir el
hecho que no se ubicaron antecedentes recientes en relación a
valoración de VT por ultrasonografía en venezolanos ni
asociados con la escala TI-RADS, es debido a ello que se planteó
comparar el VT con la escala de estimación TI-RADS en pacientes
atendidos en la unidad de ecografía diagnóstica del
Centro Clínico Naguanagua en el período comprendido entre
enero 2022 y enero 2023.
MÉTODOS
Se trató de un estudio de tipo observacional-descriptivo de
nivel comparativo, con diseño transversal y prospectivo, cuya
finalidad se centró en comparar el VT con la escala TI-RADS para
la muestra en estudio.
La población estuvo representada por 126 pacientes con
indicación de ecografía tiroidea atendidos en la unidad
de ecografía diagnóstica del Centro Clínico
Naguanagua en el período comprendido entre enero 2022 y enero
2023. La muestra fue de tipo no probabilística censal, abarcando
la totalidad de los pacientes a los cuales se les efectuó
ecografía tiroidea en el período de estudio.
Todos los estudios ultrasonográficos fueron realizados por el
mismo especialista en ecografía clínica, en la misma
unidad, con equipo marca CHISON modelo EBIT 30, transductor lineal de
4–18 Mhz. Se efectuó un registro en cuanto a la
cuantificación del Volumen del Lóbulo Tiroideo Derecho
(VLTD), Volumen del Lóbulo Tiroideo Izquierdo (VLTI) y Volumen
Total de Tiroides (VTT) (expresados en ml), además de la
categorización TI-RADS, la edad y el sexo del paciente, los
cuales fueron objetivados a partir de la ficha de registro
diseñada para tal fin.
Los datos obtenidos fueron sistematizados en Microsoft® Excel, y
posteriormente analizados mediante técnicas estadísticas
descriptivas univariadas y presentados en tablas de distribuciones de
frecuencias (absolutas y relativas); Una vez verificada la tendencia a
la normalidad de la variable estudiada a través de la prueba de
Kolmogorv – Smirnov se calcularon: medias aritméticas
± error típico, desviación típica, mediana,
valor mínimo, valor máximo; además del intervalo
de confianza para la media poblacional al 95% para verificar si el
estadístico a prueba es un estimador confiable. Se compararon
los promedios de los ángulos estudiados a través de la
prueba de hipótesis para diferencia entre medias en el caso del
sexo y con el análisis de la varianza (ANOVA) para el caso de
los grupos de edad y clasificación TI-RADS, adoptando como nivel
de significancia estadística valores de p inferiores a 0,05;
todo esto se realizó a través del procesador
estadístico Statistical® de licencia libre.
RESULTADOS
De los 126 pacientes que acudieron a la unidad de ecografía
diagnóstica del Centro Clínico Naguanagua en el
período enero 2022 a enero 2023 incluidos en el estudio se
registró una edad promedio de 51,71 años ± 1,44,
con una mediana de 53 años, una edad mínima de 21
años, una edad máxima de 85 años y un coeficiente
de variación de 31% (serie homogénea entre sus datos ;
Tabla 1).
Se registró un promedio de VLTD de 9,94 ± 1,70, con una
mediana de 5,33, un valor mínimo de 0,6, un valor máximo
de 183,3. Los pacientes con más de 60 años registraron el
mayor promedio, sin embargo, tal diferencia no fue
estadísticamente significativa (F=0,36; P= 0,6989 > 0,05);
según el sexo masculino registró el mayor promedio, sin
embargo, tal diferencia no fue estadísticamente significativa (t
= -0,58; P = 0,5630 > 0,05 ; Tabla 2).
En cuanto al VLTI, se registró un promedio de 8,02 ±
1,83, con una mediana de 5,44 cm, un valor mínimo de 0,5, un
valor máximo de 226. Los pacientes mayores de 60 años
registraron el mayor promedio, sin embargo, tal diferencia no fue
estadísticamente significativa (F=1,30; P= 0,2753 > 0,05); el
sexo femenino registró el mayor promedio, sin embargo, tal
diferencia no fue estadísticamente significativa (t = 0,47; P
valor = 0,6384 > 0,05;
Tabla 2).
El VTT registró un promedio muestral de 17,57 ± 3,40, con
una mediana de 9,95, con un valor mínimo de 1,1 y un valor
máximo de 409,3. Los pacientes con más de 60 años
registraron el mayor promedio, sin embargo, tal diferencia no fue
estadísticamente significativa (F=0,91; P= 0,4048 > 0,05); el
sexo masculino registró el mayor promedio, sin embargo, tal
diferencia no fue estadísticamente significativa (t = -0,06; P
valor = 0,9497 > 0,05 ;
Tabla 2).
En cuanto a la presencia de patología tiroidea se pudo precisar
que fueron más frecuentes aquellos pacientes clasificados con
TI-RADS 3 con un 44,44% (56 casos), siendo el nivel más
frecuente en ambos sexos: femenino (49/110) y masculino (7/16). En
segundo lugar, se encuentran aquellos pacientes clasificados con
TI-RADS 2 (33,33%= 42 casos). Un 50% de los pacientes presentó
patología nodular tiroidea (63 casos), siendo dicha
característica más frecuente en el sexo masculino (9/16 ;
Tabla 3).
Cuando se comparó el VTT con la clasificación TI-RADS, se
constató que el mayor promedio lo registraron aquellos pacientes
clasificados como 4B, y el menor promedio fue registrado por los
catalogados como 1, siendo esta diferencia estadísticamente
significativa (F=8,90; P= 0,0000 < 0,05 ;
Tabla 4).
DISCUSIÓN
Se registró un promedio de VLTD de 9,94 ± 1,70, con una
mediana de 5,33; mientras que el VLTI obtuvo un promedio de 8,02
± 1,83, con una mediana de 5,44; sin embargo, estas mediciones
no son referidas en la literatura revisada. En cuanto al VTT, se
evidenció un promedio muestral de 17,57 ± 3,40, con una
mediana de 9,95; en este sentido, vale la pena recalcar que los
hallazgos en cuanto a las mediciones del VT en el presente estudio no
son comparables con la literatura anglosajona, puesto que, en la misma,
se reportó un porcentaje de pacientes con algún hallazgo
potencialmente patológico según TI-RADS.
Sin embargo, a partir de los 21 pacientes con TI-RADS 1, se
registró un promedio de 7,56 mL ± 0,31, resultado que se
acerca parcialmente a lo reflejado por Meire y colaboradores, quienes
refieren que, en adultos sanos de áreas no deficitarias de yodo,
la tiroides normal tiene un volumen medio estimado de 10,5 mL–
11,5 ml (ES ± 3,5 mL). (3)
De igual forma, los resultados del presente estudio contrastan
significativamente con lo reportado por Viduetsky y Herrejon, quienes
afirman que los límites del VT normal son de 10 a 15 ml para
mujeres adultas y de 12 a 18 ml para hombres. (11) De igual forma, se
acentúa la diferencia de lo reportado en la presente
investigación con lo expresado por Rumack y colaboradores,
quienes plantearon que el VT normal equivale al peso glandular, y que
éste tiene un valor medio de 18,6 ml ± 4,5 ml (±
DE) sin discriminación del sexo.(5)
Patológicamente hablando, un 50% de los pacientes
presentó patología nodular tiroidea, siendo la
característica más frecuente en el sexo masculino (9/16),
resultados que coinciden con lo reflejado por Middleton y
colaboradores, quienes afirman que las autopsias revelan que hasta un
50% de los pacientes con tiroides clínicamente normal tienen NT.
(6)
Cuando se comparó el VTT con el TI-RADS, se constató que
el mayor promedio lo registraron aquellos pacientes catalogados como
4B. Es necesario recalcar que, aun cuando se registran mayores
promedios de volumen total glandular en pacientes con hallazgos
nodulares, llama la atención que entre los datos registrados
existan pacientes con valores muy similares a lo reportado en la
literatura como volúmenes normales en presencia de
patología nodular tiroidea.
CONCLUSIÓN
A partir de los 21 pacientes con TI-RADS 1 se registró un
promedio 7,56 mL ± 0,31, lo que dista significativamente de los
valores reportados por la literatura base anglosajona como referencias
de normalidad para el volumen tiroideo total en pacientes aparentemente
sanos.
En cuanto a la presencia de patología tiroidea, el TI-RADS 3 fue
la clasificación dominante ambos sexos, seguido por TI-RADS 2;
la mitad de la muestra estudiada presentó patología
nodular tiroidea, siendo más frecuente en los hombres.
Cuando se comparó el VTT con el TI-RADS, se pudo constatar que
el mayor promedio lo registraron aquellos pacientes con nivel 4B,
demostrándose con esto que, mientras más alta sea la
escala de TI-RADS, mayor será el VT registrado, sin embargo,
aún se observan datos muy similares a lo reportado en la
literatura como volúmenes normales en presencia de
patología nodular tiroidea.
Contribución de los Autores
DB desarrolló la idea y condujo la búsqueda de la
bibliografía. JP realizó el análisis
estadístico, así como correcciones al manuscrito inicial
y efectuó revisión final contribuyendo con su experiencia
y la incorporación del análisis intelectual. Ambos
autores redactaron el manuscrito, realizaron revisión
bibliográfica y documentaron el proceso.
Conflicto de Intereses
Los autores declaran no tener conflicto de interés alguno sobre el presente estudio.
REFERENCIAS
1. Pizarro F. Tiroides y bocio: evolución
histórica y sus
grandes personajes… Desault, Kocher. Rev. Med. Clin. Condes
[Internet]. 2013; [citado 23 de enero de 2022]; 24(5): 882 - 885.
Disponible
en:https://www.clinicalascondes.cl/Dev_CLC/media/Imagenes/PDF%20revista%20m%C3%A9dica/2013/5%20septiembre/23_Vineta-historica.pdf
2. Drake R, Wayne A, Mitchell A. GRAY: Anatomy for students. 4ta edición. Philadelfia, USA; Elsevier, 2020.
3. Meire H, Cosgrove D, Dewbury K, Farrant P. Tratado de
ecografía clínica: ecografía general y abdominal.
Vol. 2. 2da ed. Madrid, España; Harcourt, 2002.
4. García G, Torres J, Conthe P, Canora J. Manual de
ecografía clínica. Sociedad Española de Medicina
Interna. Hospital Infante Cristina. Madrid, España;
5. Rumack C, Levine D. Diagnostic Ultrasound. 5ta ed. Philadelfia, USA; Elsevier, 2018.
6. Middleton W, Kurtz A y Hertzberg B. Ecografía.1ra ed. Madrid, España; Marbán, 2007.
7. Fernandez J. TI-RADS classification of thyroid nodules based on a
score modified according to ultrasound criteria for malignancy. Rev.
Argent. Radiol [Internet]. 2014; [citado 01 de febrero de 2022] 78(3):
138 - 148. Disponible en:https://www.webcir.org/revistavirtual/articulos/noviembre14/argentina/ti_rads_classification.pdf
8. Horvath E, Majlis S, Rossi R, Franco C, Niedmann J, Castro A, et al.
An Ultrasonogram Reporting System for Thyroid Nodules Stratifying
Cancer Risk for Clinical Management. Rev. J Clin Endocrinol Metab
[Internet]. 2009; [citado 03 de febrero de 2022] 90(5):1748 - 1751.
Disponible en:https://doi.org/10.1210/jc.2008-1724
9. Kwak J, Han K, Yoon J, Moon H, Son E, Park S, et al. Thyroid Imaging
Reporting and Data System for US Features of Nodules: A Step in
Establishing Better Stratifi cation of Cancer Risk. Rev. Radiology
[Internet]. 2011; [citado 07 de febrero de 2022] 260(3): 893 - 899.
Disponible en:https://doi.org/10.1148/radiol.11110206
10. Richman D, Frates M. Ultrasound of the Normal Thyroid with
Technical Pearls and Pitfalls. Rev. Radiol Clin N Am [Internet]. 2020;
[citado 15 de febrero de 2022] 58(2020): 1033 - 1039. Disponible en:https://doi.org/10.1016/j.rcl.2020.06.006
11. Viduetsky A., Herrejon C. Sonographic Evaluation of Thyroid Size: A
Review of Important Measurement Parameters. Journal of Diagnostic
Medical Sonography [Internet]. 2019; [citado 05 de enero de 2023] 35(3)
206 – 210. Disponible en:https://doi.org/10.1177/8756479318824290